El día de hoy estaba caminando cerca de los muchos e impresionantes hoteles en Reforma que tapizan la histórica avenida con sus nuevos y viejos edificios que el día de hoy fungen  como hoteles.

Durante mi caminata del restaurante hacia mi oficina me encontré, entre la multitud, a un hombre cuya cara es probablemente el rostro más interesante que he visto en mi vida, del cual Arthur Schopenhauer hubiera estado orgulloso, ya que él decía que el intelecto de una persona así como su fuerza espiritual siempre se veía reflejado en su rostro.

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Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue la barba blanca que llegaba hasta su pecho y le daba a ese individuo un extraño aire de inmunidad ante las desgracias de la vida, mismas que -se veía claramente, por la manera en que fijaba sus cejas- que ya habían pasado por ahí más veces de las deseadas.

El día de  hoy existe una gran tendencia a la utilización de la barba, aunque hace un par de años era bastante mal vista, especialmente en los sectores empresariales, ya que una barba daba un mensaje de indisciplina y de poco aseo, una combinación que asegura el fracaso en el mundo laboral.

Sin embargo, la barba no siempre había tenido una mala reputación, sino hasta la mitad del siglo XX, con el enorme crecimiento económico en el mundo occidental y el mundo dejó mucho de su instinto buscando una razón de cristal destinada a romperse en mil pedazos al caer el telón de las ilusiones modernas.

Para algunas culturas, sobretodo en la India y el mundo musulmán, la barba es un artefacto indiscutible con el cual todo hombre debe portar.

Esto tiene su origen desde los años del profeta Mohamed, cuando informó a todo el mundo musulmán que todo hombre debe dejarse crecer una barba abundante a modo de distinguirse de los infieles cristianos y judíos, quienes generalmente se afeitaban, aunque habían muchos que poseían barba simplemente que Mohamed nunca fue a Europa.

Los griegos, por ejemplo, eran una civilización que consideraba la barba como una posesión muy importante de un hombre, ya que muchos atribuían a ésta sabiduría y profundidad de pensamiento.

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Las culturas nórdicas, a su vez, también impulsaban el crecimiento de la barba por razones prácticas (para soportar el frio) y como representación de las raíces del árbol donde Odín estuvo colgado por nueve noches para encontrar la sabiduría verdadera.

En Europa, el uso de la barba se desintegró al pasar los años del renacimiento y fue inaceptable durante el siglo XVII y XVIII.

Sin embargo, la barba regresó con fuerza a mitades del siglo XIX hasta la década de 1920, cuando se comenzaron a usar los bigotes.

Hemos también de mencionar que en el sector marítimo, especialmente en aquellos que comandan barcos, la barba siempre ha sido un elemento que han portado y donde nunca se ha ido.

Ahora que vemos esta pequeña radiografía histórica, podemos ver que ha sido (excepto en el sector marítimo) solo en los momentos de suprema innovación en el mundo occidental cuando los hombres han utilizado la barba, lo que significa que veremos tiempos interesantes.