Leer es una actividad que siempre me ha fascinado. Incluso antes de que comprendiera con claridad los significados de todas las palabras y de que pudiera repetir con fluidez el texto escrito, ya gozaba con pasar las páginas y contemplar las formas, tanto de las letras como de las ilustraciones que las acompañaban. Habrá quien diga que a esto no se le puede llamar leer en estricto sentido, pero creo que al menos era una forma de aproximarse a la página y tratar de extraer un significado de la misma.

Nino-Leyendo

Cuando surgieron los libros digitales y los dispositivos que permitían almacenarlos por cientos, permitiendo que cada usuario llevara por doquier su propia biblioteca, se hicieron muchas especulaciones acerca del futuro del libro impreso. Hubo predicciones acerca de su desaparición, pues sería insostenible seguir gastando en papel, impresiones y tintas, cuando el libro digital eliminaba todos estos costos y podía descargarse cuantas veces fuera solicitado, sin que esto hiciera necesario un aumento de la inversión. ¿Cómo se podría competir con tal esquema?

No obstante, los especialistas en ciencias cognitivas argumentaban la posibilidad de que la experiencia de aprendizaje obtenida de un material digital podría diferir de la que se tenía con un libro impreso. Este último podría ser más favorable para la concentración y las reflexiones introspectivas acerca de la lectura, mientras que los lectores de e-books, que al principio sólo disponían de esta función, pero que luego se integraron a las tabletas y teléfonos celulares con navegador web, podrían aumentar el nivel de dispersión de los lectores.

Al debate se sumaron los ecologistas. Por una parte, estaba el grupo que defendía los beneficios ambientales del libro digital, que al no requerir de papel y tintas, evitaba la tala de miles de árboles, el consumo de agua requerido para la producción del papel y la contaminación generada por las tintas. Contra estos argumentos, se presentaron estudios que mostraban los alarmantes niveles de contaminantes generados por los dispositivos electrónicos que se desechaban, así como el gasto de agua y energía que implicaba la producción de una tablet.

Además estaban los bibliófilos más puristas, que hablaban de la experiencia estética generada por la lectura de un libro impreso, misma que simplemente sería imposible de reproducir con uno digital. Sentir las páginas, percibir su aroma y ver a detalle los trazos de las letras o los colores de las ilustraciones era un conjunto de experiencias sensoriales que también influía en la comprensión de la lectura  y que jamás se podría lograr con un e-book.

Lo cierto es que, como ya habían señalado diversos filósofos y epistemólogos desde la Edad Media, el soporte en el que un texto se escribe o almacena influye en la forma en que lo leemos, interpretamos y recordamos. Quien piense que subrayar los libros o escribir en ellos es un acto de barbarie, se sorprenderá al saber que muchas de las anotaciones e ilustraciones que se aprecian en los márgenes de muchos manuscritos medievales, fueron hechas por sus lectores. En ellas se comentaba el texto, se destacaban sus aspectos más importantes y se planteaban dudas u objeciones.

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Podemos pensar que los “post-it’s” que ahora muchos usamos para señalar los pasajes importantes de la lectura son una forma más civilizada de estudiar un libro, pero lo cierto es que al cambiar la forma de recordar o destacar ciertos aspectos, también alteramos la manera en que los comprendemos.

Admito que cuando estrené la primera tablet que compré en Cyberpuerta, hace ya varios años, extrañé la sensación del papel, la posibilidad de hacer breves notas con lápiz en los márgenes y el gusto de llenar con notitas adhesivas la mayoría de las páginas. Ahora, la mayoría de los lectores incluyen funciones que permiten hacer marcas, incluir notas y hasta compartir los comentarios. ¿Será lo mismo? ¿Aprenderemos igual? Tendría que ser un especialista en el aprendizaje o hasta un neurólogo quien respondiera. Como lector, puedo decir que en cierta forma es lo mismo, pero en otras más no es igual.