La monotonía es la repetición de las mismas actividades sin ningún tipo de cambio o alteración. Por esta razón el ser humano tiene que tener varias festividades a lo largo del año, para interrumpir un poco la tremenda monotonía en la cual vivimos.

A su vez, los días festivos son importantes para recordar acontecimientos que han tatuado a la memoria del mundo de una forma u otra.

El año pasado, a modo de endulzar un obscuro noviembre, tuvimos una excelente y exquisita celebración del día de gracias.

thanksgiving

Este es un día festivo anglosajón que celebra una tregua entre los nativos americanos y los puritanos ingleses.

Dicha tregua fue celebrada con un banquete donde los nativos ofrecieron a los ingleses especies desconocidas en Europa, tales como pavo, maíz y muchas especies de pescado, así como  la pipa de la paz llena de tabaco.

Sin embargo este día no fue festivo hasta después de la cruel y sangrienta guerra civil entre los estados del norte y sur de los Estados Unidos. La implementación de este día festivo en el calendario oficial fue una estrategia política para unir de nuevo al norte y sur de los Estados Unidos.

Todos los años mi familia y yo celebramos este día en pequeñas reuniones; el año pasado, sin embargo, debido a que vino mucha familia de los Estados Unidos, la celebración fue más grande y en otro lado.

La celebración se llevó a cabo en el salón de conferencias de un viejo hotel francés en el centro de la ciudad.

Como es costumbre no comimos durante todo el día para  comer con hambre y en cantidades abundantes, lo que es una espera eterna.

Al llegar a la sala de conferencias donde habríamos de celebrar nuestro banquete, me impresioné con la belleza del lugar.

Es un cuarto con decoraciones del siglo XIX, un piano de cola larga y dos preciosos comedores de mármol sobre los cuales estaba el festín.

El menú consistía de tres jugosos pavos rellenados con cebolla manzana y especies, tres enormes jamones Virginia decorados con aros de piña, atravesados por clavitos de aroma, camote con bombones y al menos seis pies de manzana a la canela.

Esta fue una excelente manera de convivir con familia a quienes no veíamos en al menos unos seis años.

Espero que eventos como estos se repitan con más frecuencia en lugares tan agradables como aquel salón.